EL TRASLADO DEL JUEVES DE PASIÓN: “SEÑOR, ME ABRIRÁS LOS LABIOS Y MI BOCA PRONUNCIARÁ TU ALABANZA”

TPM 0016 1Por mucho que creas haber vivido una misma experiencia que se repite de año en año, siempre hay matices que la hacen distinta. Esto ocurre con el traslado claustral del Señor y la Virgen, en la noche del Jueves de Pasión, desde la capilla sacramental hasta sus tronos procesionales. Cada uno de los cofrades y devotos que llenó el recinto parroquial seguro que experimentó sensaciones distintas, porque la breve ceremonia no deja indiferente absolutamente a nadie.

Por eso es complicado ser objetivos a la hora de plasmar por escrito cómo transcurrió el culto. Dejando a un lado esas interpretaciones particulares, diez minutos antes de las 22 horas se abrieron las puertas de Los Mártires. Para entonces, el cortejo ya se encontraba formado en la nave de la Epístola, abriéndolo el campanillero y seguido por la Cruz-Guía escoltada por faroles. Hermanos de luz con cirios rojos precedían las andas del Señor.

Con puntualidad, comenzaba el rito, siguiéndose la secuencia que desde hace unos años se elaborara a modo de protocolo litúrgico. El salmo 50, conocido como Miserere, es una de las oraciones más conocidas del Salterio, considerada como la más intensa meditación sobre la culpa y la gracia, un suspiro de arrepentimiento y de esperanza dirigido a Dios. “Por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado”. Predispuesto el espíritu, echaba a andar, despacio, el cortejo.

TPM 0187 1Al llegar el Señor a la capilla mayor y situarse frente al Sagrario, suenan las notas de Anima Christi, composición escrita y musicalizada recientemente por monseñor Marco Frisina e interpretada, magistralmente, por el tenor lírico Luis Pacetti. Unos minutos antes se formaba la sección que precedía a las andas de la Virgen, compuesta por hermanos portando velas blancas. Y, de nuevo, las meditaciones extraídas en esta ocasión tanto del Libro de la Sabiduría como del Salmo 22, invitando a conocer a Dios para rendirle un culto adecuado, a la vez que exaltando su nombre.

Continua el rito. Al llegar nuestra Bendita Madre del Amor Doloroso a la capilla mayor, se entona el Stabat Mater de Antonio Vivaldi, siguiéndole la lectura de la secuencia de la fiesta de los Dolores de la Virgen. María, la madre, al pie de la cruz, llora ante la muerte de su hijo. Y entrelazando esos instantes, la música de órgano interpretada por nuestro hermano Adrián López Portillo desgrana las Saetas escritas por Eduardo Torres.  

Llegadas ambas andas al coro parroquial, se depositan en sendas peanas. Es momento de escuchar un conocido fragmento de Pietá signore, de Alessandro Stradella. Antes de concluir, el obispo de Málaga, monseñor Jesús Catalá, imparte la bendición final. El traslado acaba de concluir. Son las 22.40 horas.

TPM 0230 1Solo ha sido un suspiro, un breve alto en el camino del que son muestra las fotografías que ilustran esta crónica, realizadas por nuestro hermano Juan Jesús Palacios.

La ambientación, la oscuridad del templo, el silencio combinado con las oraciones y las composiciones musicales, el recogimiento y la seriedad son algunas de las características del rito. Pero lo más importante es la presencia cercana y sencilla del Señor y la Virgen. Ellos, tras una larga noche de trabajo, presiden ya sus tronos procesionales. Lo que ocurra de aquí al Lunes Santo quedará guardado en el corazón de todos aquellos que se acerquen a visitarlos. Ellos te esperan.