ASÍ SE VIVIÓ EL DOMINGO DE PASIÓN

perspectiva 2bajaDesde minutos antes de las 00 horas del domingo, 2 de abril, se presagiaba algo importante. Desde el mediodía, el Señor estaba en el suelo, en besapiés, sin cruz. Pisando iris morados y escoltado por blandones de cera rojo-sacramental. Su fiesta, aquella en la que la Archicofradía se reconoce a sí misma como asociación de fieles que vive su fe en comunidad en torno a la pasión de Cristo, está a punto de comenzar con un momento clave.

En la oscuridad del templo, solo una tenue luz ilumina el rostro del Redentor. Los cantos solemnes del coro de la basílica de la Victoria van a ayudar a orar, a establecer un diálogo directo y sencillo entre el cofrade y el Señor. Son minutos que hay que vivir, sentir, disfrutar, captar individualmente en toda su esencia; instantes que reconfortan las horas de trabajo de todo un año y que, además, vienen a concentrarnos a todos en torno al núcleo fundamental de la hermandad: el Señor. Él, solo él, y basta. Las reflexiones de autores místicos, jalonadas de 'Padre-nuestros', componen la secuencia cultual. La vigilia es intensa, sentida, degustada; de la misma manera que se palpa la presencia permanente del Señor en el sagrario. Su imagen ayuda a materializar su rostro dolorido. Su cercanía provoca una emoción que es aún más intensa cuando se besa su pie desnudo.

Pero la jornada depara más momentos. En la mañana del Domingo de Pasión, más cofrades y fieles se postran ante la presencia del Nazareno. Cada uno lleva prendido en su interior detalles imborrables, miradas que se cruzan con la de quien es 'el pan de nuestras vidas'. Y, en este sentido, da igual la edad y la condición de la persona. Lo importante solo lo conoce Dios.

La Función Principal de Instituto se desarrollo por los cánones de la ortodoxia cofradiera, ocupando los fieles la totalidad de la nave central de Los Mártires. La solemnidad propia de la celebración transportan al alma de cada uno a un estadío de paz interior, de interacción con el misterio, de conciencia plena en quienes somos y cuál es nuestra misión dentro de la Iglesia. A ello ayuda también la plática del párroco y director espiritual, Felipe Reina quien, a la luz del Evangelio, nos recuerda el importante papel que el mismo Cristo, desde la cruz, legó en Juan el evangelista y, por ende, a cada uno de nosotros.

En la protestación de fe, el secretario de Pasión interpreta el juramento reglamentario en nombre de todos los cofrades; y, los presentes, rezamos juntos el Credo. Testimonio, acción y actuación. Reforzados en estos principios, comulgamos del cuerpo de Cristo, nos unimos a él saboreando el dulce néctar que desprende el pan eucaristizado. Somos ahora, al igual que María, sagrarios vivos; en nuestro interior pervive la presencia del Señor. Hemos quedado saciados de su gloria, de su presencia, de su mesianismo. La alegría de sabernos y sentirnos miembros de su Iglesia refuerza aún más la secuencia litúrgica. Eucaristía vivida, entendida y aplicada a la vida diaria y, en especial, a esta comunidad cristiana que recuerda a quienes nos enseñaron el sentido del ser 'cofradía de nazarenos sacramental'.

medallas 50 anos 2bajaAntes de finalizar, la hermandad también quiere agradecer la fidelidad de los hermanos que cumplen 50 años de vida cofradiera en el seno de la misma. La medalla conmemorativa de esta efemérides luce en el pecho de Antonio López, Baldomero Rivera y Rafael Cañero. Fidelidad y compromiso. Valores denostados por una sociedad que vive demasiado deprisa pero que, de vez en cuando, necesita pararse, mirarse a sí mismo y reconocerse en su esencialidad, en sus principios, en sus fundamentos. Gracias, hermanos, por servir de ejemplo a los demás. 

De nuevo, ante las plantas del Señor, nos volvemos a reunir. En esta ocasión, para despedirnos también de la Madre entonando la popular Salve; y, luego, besando de nuevo los pies del Nazareno antes que las puertas de Los Mártires se cierren en una jornada intensa. Lo último, compartir entre todos el acostumbrado almuerzo de hermandad. En esta ocasión, en el patio del edificio común de todos los cofrades malagueños: el de san Julián, sede de la Agrupación de Cofradías. En su transcurso, el hermano mayor, Antonio Sánchez, ejerce de anfitrión. Pasión quiere también testimoniar el trabajo que en estos últimos meses se ha desarrollado de manera conjunta con la dirección, gerencia y demás personal del Museo diocesano; en sus salas pudieron disfrutarse las obras del genial Ortega Bru. Miguel Ángel Gamero, en representación de esta institución, recoge un cuadro con el Señor. Entre ambos también existe 'química'. Dios escribe derecho en renglones torcidos.

Culmina el ágape con un último gesto: la tradicional distinción del 'cofrade ejemplar'. En esta ocasión, se personaliza por partida doble  en Enrique Sánchez y David Cisneros. La juventud comprometida, trabajadora, disponible para cualquier cosa. Un reconocimiento que es, además, un acicate para dar todavía más de sí y conectar con otros hermanos que aún viven alejados de la realidad de la Archicofradía. Hay que seguir remando y sumando 'pescadores' a la barca. 

Con esta intensidad se cierra la jornada. Aunque el epílogo vuelve a escribirse en Los Mártires. En horas de cierre, el Señor y la Virgen se disponen en las andas para su inminente traslado, presidiendo ambos el altar de la capilla sacramental. La proximidad de los días santos está latente. Pero nos quedan aún más momentos que vivir, disfrutar y sentir. Te esperamos, como siempre, para hacerlo juntos, en hermandad.